Aunque pueda parecer sorprendente, el actual monarca español, Felipe VI, ostenta entre sus muchos títulos históricos el de «Rey de Jerusalén». Este título, si bien no tiene ninguna implicación política real en la actualidad, forma parte del legado simbólico de la monarquía española. Pero, ¿por qué el rey de España lleva un título vinculado a una ciudad situada en Oriente Próximo? La respuesta está en la historia de las cruzadas, las monarquías europeas medievales y las herencias dinásticas.
El origen del título: el Reino de Jerusalén
El Reino de Jerusalén fue un estado cristiano fundado en 1099 por los cruzados tras la conquista de la ciudad santa durante la Primera Cruzada. Este reino existió durante casi dos siglos, aunque con un control territorial cambiante, hasta su caída definitiva en 1291 con la toma de Acre por los mamelucos.
Durante su existencia, el Reino de Jerusalén tuvo sus propios reyes, elegidos entre nobles europeos, principalmente de origen francés. Sin embargo, tras la pérdida de los territorios en Tierra Santa, el título de «Rey de Jerusalén» no desapareció. En cambio, pasó a convertirse en un título puramente honorífico y simbólico, transmitido entre distintas casas reales europeas.
Cómo llegó el título a la monarquía española
Después de la desaparición del reino cruzado, el título fue reclamado por varias casas reales. Primero pasó a la dinastía de los Lusignan en Chipre, luego a los Anjou de Nápoles y más tarde a la Corona de Aragón, que heredó los derechos del trono de Nápoles en el siglo XV.
A través de la unión dinástica de los Reyes Católicos y la posterior integración de Aragón y Castilla en la monarquía hispánica, el título de «Rey de Jerusalén» fue incorporado a la larga lista de títulos de los monarcas españoles. Desde entonces, cada rey de España lo ha mantenido como parte de su titulatura oficial.
El valor del título en la actualidad
Hoy en día, el título de «Rey de Jerusalén» es puramente simbólico. No conlleva ningún poder sobre la ciudad de Jerusalén ni implica una reivindicación política. Su uso se conserva como parte de la tradición histórica de la monarquía española, al igual que otros títulos antiguos como «Rey de Castilla», «Rey de León», «Rey de las Dos Sicilias» o «Rey de las Indias».
De hecho, estos títulos no se utilizan en la comunicación diaria ni en los actos públicos del rey, pero sí están presentes en los documentos oficiales y jurídicos del Estado, como parte del protocolo heredado de siglos anteriores.
Un ejemplo de la continuidad histórica europea
El hecho de que Felipe VI mantenga el título de “Rey de Jerusalén” es un buen ejemplo de cómo las monarquías europeas conservan elementos simbólicos del pasado. Este tipo de títulos reflejan las complejas redes de alianzas, matrimonios y herencias que caracterizaron la política dinástica de Europa durante siglos.
Aunque hoy no tenga más valor que el ceremonial, el título sigue siendo un testimonio del pasado medieval europeo y de cómo los ecos de la historia pueden perdurar hasta nuestros días.


